“COMUNICACIÓN ENTRE PADRES E HIJOS”
La mayoría de
problemas del día a día de la convivencia familiar se resolverían, si nos
esforzáramos por tener una buena comunicación con nuestros hijos. Hay muchas
formas de hacerlo. Se puede hacer con un gesto, se puede hacer con una mirada
de complicidad, se puede hacer con la palabra, escuchando música, leyendo,
haciendo deporte...También nos podemos comunicar silenciosamente. Sólo
contemplando unos padres junto a la cama de un hijo enfermo, mimándolo o
dándole la mano vemos el máximo de comunicación. El silencio se hace necesario
por el reposo de su hijo, pero la comunicación no falta.
Ya se ve que para comunicarse no se necesitan palabras, sino que se necesita afecto y que haya un clima de confianza y, ¿cómo conseguimos este clima?.. Podemos reflexionarlo, puesto que se hace muy difícil recibir la confianza de nuestros hijos si no hacemos un esfuerzo para ser acogedores y estar tranquilos y de buen humor a la hora de comunicarnos. Es imprescindible comprender a nuestros hijos; saber intuir qué les preocupa, qué nos quieren decir o qué necesitan. La base de la comunicación, es amar, interesarse por sus cosas y ayudar a que ellos solos vayan resolviendo sus dificultades. Cuando hay confianza se actúa con calma, no se improvisa y se da paz.
Hay muchas virtudes que pueden ser útiles para ayudar a la comunicación, con el clima de confianza adecuado, que favorece el diálogo, base de la comunicación, pero yo destacaría dos: la sinceridad y la discreción.
1. La palabra sinceridad deriva del latino ´´sine cera´´ (sin cera) refiriéndose a los ungüentos que utilizaban las mujeres romanas para disimular sus arrugas. Pues bien, para vivir la sinceridad tenemos que recordar a San Pablo que nos dice ´´sea el vuestro sí, sí y el vuestro no, no.´´ Sinceridad es decir siempre con claridad lo que se hace, lo que se piensa, lo que se vive. Nuestros hijos tienen que ver que nosotros somos sinceros siempre. Por esto debemos reflexionar y preguntarnos: ¿Cuántas veces hemos dejado incompleta una promesa o una reprimenda que habíamos anunciado a nuestros hijos?... ¿Cuántas veces nos han telefoneado y, por comodidad, hemos hecho decir que no estábamos en casa?... ¿Cuántas veces hemos asustado a los pequeños diciendo ´´ que viene el hombre del saco´´ y lógicamente aún lo esperan?...O otras medias verdades, que no dejan de ser mentiras que malogran la confianza.
Nuestra sinceridad tiene que ser ejemplar, la verdad tiene que ser objetiva, clara. Por ejemplo, si nos equivoquemos, pedimos perdón y lo reconocemos; esto es más educativo para el hijo que muchos sermones y consejos repetitivos. A veces los hijos no son lo suficiente sinceros con nosotros por no quedar mal o porque tienen miedo de que tengamos una reacción desmesuradamente enfadada con lo que nos dicen.
Sobre todo en la adolescencia tenemos que ser pacientes y estar preparados para que nos expliquen lo más impensable sin perder los nervios. Lo que es más importante siempre es que los hijos nos digan la verdad, aunque del susto recibido nos quedáramos sin aliento. Con todos los datos reales del problema, no nos equivocaremos a la hora de buscar soluciones juntas y reforzaremos la confianza mutua.
2. La discreción; hoy, más que nunca, se hace evidente que los padres debemos profundizar en esta virtud, que no es frecuente en el ambiente actual. En el Diccionario General de la Lengua Catalana de Pompeu Fibra, encontramos esta definición de discreción: ´´reserva en las acciones y en las palabras, reserva del que no hace sino aquello que conviene hecer, de quien no dice sino aquello que conviene decir, que sabe callar aquello que le ha estado confiado.´´
Muchos hijos se quejan de que los padres, o bien para vanagloriarse, o bien para quejarse explican las confidencias que ellos les han hecho. Ya se ve que este sería un defecto que influiría en la confianza que nos habrían dado los hijos; nada más y nada menos sería ´´ventilar´´ sus emociones; tampoco los hijos entienden las ironías ni bromas sobre sus ´´cosas´´, por lo tanto no conviene decir lo que nos confían y tenemos que considerar que para ellos aquello es muy importante, aunque a los mayores nos pareciera de poco valor.
Con la virtud de la discreción nace el discernimiento, para saber cuándo es prudente preguntar, o cuando hace falta esperar para hacerlo, puesto que hace falta respetar la intimidad del hijo y tener paciencia para recibir la confidencia. También distinguir el momento en que es conveniente dar el consejo oportuno. Pienso que cuando un niño pequeño tiene una pataleta, ¿verdad que es muy difícil corregirlo sí nos ponemos a gritar como él y perdemos los nervios? Con los hijos mayores tenemos que hacer lo mismo, es sencillamente pasar por alto el momento de ofuscación y buscar el tiempo para dialogar con calma y serenidad. Una persona discreta no impone, no coacciona sino que observa y ayuda a mejorar reconociendo que ella también tiene defectos; por lo tanto, no se sobresalta por nada, y, con esta comprensión anima a su hijo a la sinceridad.
Para concluir, podríamos decir que el objetivo de procurar fijarnos en la sinceridad y la discreción, es ayudar a que haya el clima de confianza adecuada que haga de los padres buenos amigos de los hijos, a quienes los hijos pueden explicar sus ideales, sus problemas, sus alegrías. Empecemos a interesarnos por lo que les preocupa de bien pequeños y así fundamentaremos la franqueza del mañana.
Como que la comunicación es la base de unas buenas relaciones familiares en el próximo capítulo profundizaremos en cómo hemos de escuchar, en cómo mantener un buen diálogo y en algunos errores frecuentes que pueden malograr la comunicación entre padres y hijos. Expresamente ilustro siempre estos temas con fotografías con niños pequeños puesto que creo que los padres que se interesan por los hijos menudos, también serán capaces de comprender los cambios de humor y las inquietudes de los hijos adolescentes
Ya se ve que para comunicarse no se necesitan palabras, sino que se necesita afecto y que haya un clima de confianza y, ¿cómo conseguimos este clima?.. Podemos reflexionarlo, puesto que se hace muy difícil recibir la confianza de nuestros hijos si no hacemos un esfuerzo para ser acogedores y estar tranquilos y de buen humor a la hora de comunicarnos. Es imprescindible comprender a nuestros hijos; saber intuir qué les preocupa, qué nos quieren decir o qué necesitan. La base de la comunicación, es amar, interesarse por sus cosas y ayudar a que ellos solos vayan resolviendo sus dificultades. Cuando hay confianza se actúa con calma, no se improvisa y se da paz.
Hay muchas virtudes que pueden ser útiles para ayudar a la comunicación, con el clima de confianza adecuado, que favorece el diálogo, base de la comunicación, pero yo destacaría dos: la sinceridad y la discreción.
1. La palabra sinceridad deriva del latino ´´sine cera´´ (sin cera) refiriéndose a los ungüentos que utilizaban las mujeres romanas para disimular sus arrugas. Pues bien, para vivir la sinceridad tenemos que recordar a San Pablo que nos dice ´´sea el vuestro sí, sí y el vuestro no, no.´´ Sinceridad es decir siempre con claridad lo que se hace, lo que se piensa, lo que se vive. Nuestros hijos tienen que ver que nosotros somos sinceros siempre. Por esto debemos reflexionar y preguntarnos: ¿Cuántas veces hemos dejado incompleta una promesa o una reprimenda que habíamos anunciado a nuestros hijos?... ¿Cuántas veces nos han telefoneado y, por comodidad, hemos hecho decir que no estábamos en casa?... ¿Cuántas veces hemos asustado a los pequeños diciendo ´´ que viene el hombre del saco´´ y lógicamente aún lo esperan?...O otras medias verdades, que no dejan de ser mentiras que malogran la confianza.
Nuestra sinceridad tiene que ser ejemplar, la verdad tiene que ser objetiva, clara. Por ejemplo, si nos equivoquemos, pedimos perdón y lo reconocemos; esto es más educativo para el hijo que muchos sermones y consejos repetitivos. A veces los hijos no son lo suficiente sinceros con nosotros por no quedar mal o porque tienen miedo de que tengamos una reacción desmesuradamente enfadada con lo que nos dicen.
Sobre todo en la adolescencia tenemos que ser pacientes y estar preparados para que nos expliquen lo más impensable sin perder los nervios. Lo que es más importante siempre es que los hijos nos digan la verdad, aunque del susto recibido nos quedáramos sin aliento. Con todos los datos reales del problema, no nos equivocaremos a la hora de buscar soluciones juntas y reforzaremos la confianza mutua.
2. La discreción; hoy, más que nunca, se hace evidente que los padres debemos profundizar en esta virtud, que no es frecuente en el ambiente actual. En el Diccionario General de la Lengua Catalana de Pompeu Fibra, encontramos esta definición de discreción: ´´reserva en las acciones y en las palabras, reserva del que no hace sino aquello que conviene hecer, de quien no dice sino aquello que conviene decir, que sabe callar aquello que le ha estado confiado.´´
Muchos hijos se quejan de que los padres, o bien para vanagloriarse, o bien para quejarse explican las confidencias que ellos les han hecho. Ya se ve que este sería un defecto que influiría en la confianza que nos habrían dado los hijos; nada más y nada menos sería ´´ventilar´´ sus emociones; tampoco los hijos entienden las ironías ni bromas sobre sus ´´cosas´´, por lo tanto no conviene decir lo que nos confían y tenemos que considerar que para ellos aquello es muy importante, aunque a los mayores nos pareciera de poco valor.
Con la virtud de la discreción nace el discernimiento, para saber cuándo es prudente preguntar, o cuando hace falta esperar para hacerlo, puesto que hace falta respetar la intimidad del hijo y tener paciencia para recibir la confidencia. También distinguir el momento en que es conveniente dar el consejo oportuno. Pienso que cuando un niño pequeño tiene una pataleta, ¿verdad que es muy difícil corregirlo sí nos ponemos a gritar como él y perdemos los nervios? Con los hijos mayores tenemos que hacer lo mismo, es sencillamente pasar por alto el momento de ofuscación y buscar el tiempo para dialogar con calma y serenidad. Una persona discreta no impone, no coacciona sino que observa y ayuda a mejorar reconociendo que ella también tiene defectos; por lo tanto, no se sobresalta por nada, y, con esta comprensión anima a su hijo a la sinceridad.
Para concluir, podríamos decir que el objetivo de procurar fijarnos en la sinceridad y la discreción, es ayudar a que haya el clima de confianza adecuada que haga de los padres buenos amigos de los hijos, a quienes los hijos pueden explicar sus ideales, sus problemas, sus alegrías. Empecemos a interesarnos por lo que les preocupa de bien pequeños y así fundamentaremos la franqueza del mañana.
Como que la comunicación es la base de unas buenas relaciones familiares en el próximo capítulo profundizaremos en cómo hemos de escuchar, en cómo mantener un buen diálogo y en algunos errores frecuentes que pueden malograr la comunicación entre padres y hijos. Expresamente ilustro siempre estos temas con fotografías con niños pequeños puesto que creo que los padres que se interesan por los hijos menudos, también serán capaces de comprender los cambios de humor y las inquietudes de los hijos adolescentes
Los
beneficios de la comunicación en familia
Cuando existe la comunicación en una familia,
seguramente se puede afirmar que existe un compañerismo, una complicidad, y un ambiente de unión y afecto en la casa. Pero,
sobre todo y lo más importante, es que hay un respeto mutuo y unos valores bien
asentados que enraízan con el origen de unas buenas relaciones.
Sin embargo, crear este clima de comunicación en la
familia, no es una tarea tan fácil. Hay que ayudar a los hijos con prácticas
sobre el terreno, con consejos educativos y, sobre todo, con el ejemplo para
crear el clima adecuado que facilite esa comunicación.
Es fundamental, que los padres introduzcan en el
seno familiar, los mecanismos necesarios que faciliten una buena comunicación
entre los miembros de su familia. Saber escuchar, hablar con el corazón,
mantener una actitud asertiva y mostrar empatía son algunas de las
actitudes para promover un buen clima de diálogo en casa con los tuyos.
Pequeños consejos para mejorar la
comunicación entre padres e hijos
Poner en práctica estas recomendaciones mejorará el
clima familiar para facilitar la comunicación y la confianza entre niños y
adultos, entre padres e hijos, y acercará posturas.
- Al dar una información, busca que siempre sea de
una forma positiva.
- Obedecer a la regla de que "todo lo que se dice, se cumple".
- Empalizar o ponernos en el lugar del otro.
- Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
- Escuchar con atención e interés.
- Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
- Pedir el parecer y la opinión a los demás.
- Expresar y compartir sentimientos.
- Ser claros a la hora de pedir algo.
- Obedecer a la regla de que "todo lo que se dice, se cumple".
- Empalizar o ponernos en el lugar del otro.
- Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
- Escuchar con atención e interés.
- Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
- Pedir el parecer y la opinión a los demás.
- Expresar y compartir sentimientos.
- Ser claros a la hora de pedir algo.
¿QUE NECESITO PARA ESCUCHAR
REFLEXIVAMENTE?
Para ser reflexivo, se requiere
tener una buena dosis de sensibilidad y habilidad para expresar sentimientos,
además de esfuerzo y práctica, que no se adquiere de un día para otro.
Cuando su hijo expresa sus sentimientos, le podría
ayudar pensar para sus adentros:
§ ¿Qué está
sintiendo?
§ Contéstele
utilizando la palabra que usted cree refleja mejor sus sentimientos, sin
embargo, sea discreto y trate de adivinar cuándo su hijo quiere hablar y cuándo
no.
COMUNICACIÓN VERBAL Y NO VERBAL
Asi mismo, la comunicación puede ser o no ser
verbal. Nuestras acciones, expresiones y tono de voz, comunican si estamos
escuchando o no. Podemos comunicarnos sin palabras a través de una sonrisa, frunciendo el ceño o acariciándole la mano. Los estamos
aceptando tales y como son cuando no los sobreprotegemos, regañamos o
interrumpimos. Cuando respondemos, no los juzgamos, sino que aceptamos sus
sentimientos, ya sea con palabras o sin ellas.
UNA COMUNICACIÓN RESPETUOSA
ENTRE PADRES E HIJOS
Una comunicación respetuosa entre padres e hijos, permite
que ambas partes puedan expresar lo que piensan y sienten, sin temor a ser
rechazados. Esto significa aceptar lo que el otro dice, pero no necesariamente
estar de acuerdo. El contacto
visual y la postura, significa…
¿COMO COMUNICARME MEJOR CON
MI HIJO?
Para
comunicarse con su hijo, usted debe ser capaz de comunicarse de manera tal, que él
entienda sus sentimientos, ideas e intenciones. En muchas familias los padres
no esperan que sus hijos los escuchen; esperan tener que repetir cada cosa por
lo menos una vez. Sus hijos los han entrenado para repetir mensajes.
En ocasiones
los padres crean condiciones que invitan a los hijos a no escucharlos y a
desarrollar lo que se llama “Sordera paterna”. Es conveniente pensar en
términos de “mensajes – yo” y NO en “mensajes - tú”.
§ EL MENSAJE – TÚ: acusa, critica y sugiere la culpabilidad del niño, es un
ataque verbal e irrespetuoso para él.
§ EL MENSAJE – YO: por el contrario, describe cómo se siente
usted ante el comportamiento de su hijo. Este mensaje se centra en usted y no
en él. Comunica lo que usted siente, y no acusa o enjuicia al niño.
§ Este tipo de
mensajes expresan los sentimientos de la persona que está hablando; son
específicos. El tono de voz es importante, ya que si el mensaje – yo se expresa
con enojo, se vuelve un mensaje-tú. Esto no quiere decir que uno nunca deba
enojarse.
§ La
dificultad no radica en el enojo mismo, sino en el propósito del enojo, que
puede ser el deseo de controlarlo, “Ganarle o vengarse de él de
alguna forma”.
Es importante tener presente el número de veces
que nos enojamos, ya que si esto llega a suceder, podría suceder lo siguiente:
1. Se refuerza
el objetivo de poder, o de venganza del niño. La
comunicación se dificulta cuando el niño se siente amenazado y se pone a la
defensiva para “Salvar su imagen”.
1.
Cuando
usted se enoja, él sabe que sus intentos de provocarlo han tenido éxito.
2. Si la
relación entre padres e hijos se basa en el respeto mutuo, una manifestación
ocasional de enojo puede ayudar a “Aclarar las cosas”, lo que ayudará a
mejorar la comunicación.
0. Ahora bien, si los
conflictos entre padres e hijos son frecuentes, el enojo puede hacer mucho
daño.
¿CÓMO HABLAR
DE SENTIMIENTOS A NUESTRO HIJO?
Tenga presente antes de comunicarle a su hijo
sus sentimientos que no es su comportamiento lo que molesta, sino las
consecuencias que éste pueda tener. Si su forma de conducirse no tuviera
consecuencias, como el interferir con las necesidades o derechos de otras
personas, es probable que a usted no le molestaría, a menos de que se tratara
de algo peligroso. Usted puede construir el puente dialógico de la siguiente
manera:
§ Describa el
comportamiento, pero no acuse: “Cuando no llamas, y no regresas a casa después del colegio…” Comience con
las palabras “Cuando tú” [Adecue este
ejemplo a sus propias circunstancias].
§ Exprese sus
sentimientos con respecto a las consecuencias del comportamiento: “Me preocupa
lo que pueda sucederte…” Comience con “Yo siento” Por último, refiérase a la
consecuencia: “…porque no sé dónde estás”. El “Porque” establece la
consecuencia. Los mensajes-yo no tienen
que seguir este orden.
§ Lo más
importante es recordar que este mensaje se centra en el padre o adulto, depende
de la situación, y no se culpa ni se acusa a nadie.
CONSTRUCCIÓN DEL SENTIDO
ÉTICO DE LA VIDA
Si deseamos comunicarnos de una manera efectiva
con nuestros hijos, éstos deben sentirse respetados y valorados.
§ Busque un
buen momento para conversar con ellos y evite
hacerlo en medio de un conflicto, ya que la comunicación que se basa en el
respeto mutuo requiere la disposición de admitir y aceptar que los padres de
familia no tenemos todas las respuestas y conocimientos para solucionar todos
los problemas.
§ Permítale a
su hijo que tome parte en la toma de decisiones y en la solución de los
problemas que se puedan presentar.
§ Los niños
saben cuándo pueden creerles a sus padres o cuándo éstos aparentan saber algo
que en realidad desconocen.
§ El ser
sarcástico y el ridiculizarlos, no solamente hace que la comunicación entre
ellos sea tensa, sino que además es una manera destructiva de comunicación.
§
Procure crear un ambiente
en el que los hijos se sientan libres de expresar sus sentimientos, sin temor a
ser humillados.
AL HABLAR
COMUNICAMOS NUESTRAS CREENCIAS Y VALORES
Si usted está convencido de que su hijo es un niño valioso gestos. Si los clasificamos: “Testarudo”, “Mal educado”,
“Inútil”, desafortunadamente esas “Clasificaciones” se vuelven realidad. Y al
hacerlo, estamos asumiendo la posición de juez; confíe en sus hijos y evite
etiquetarlos. Tenga en cuenta que la comunicación eficaz implica tanto escuchar
cómo hablar. Y bien intencionado, usted le está comunicando esto a
través de sus palabras y
1. TIPOS DE COMUNICACIÓN
Hay
dos tipos de comunicación, una mediante las palabras y otra mediante los
gestos, posturas, etc...
a) Comunicación
verbal: la
comunicación efectuada mediante las palabras, ya sean escritas o habladas, se
llama comunicación verbal.
b) Comunicación
no verbal: la
comunicación que se efectúa con los gestos, el tono de voz, la postura etc., es
la comunicación que se llama no verbal o analógica.
A la comunicación no verbal le prestamos mucha atención y es una de las
que más nos impacta, pues nos proporciona una información más fiable al
transmitirse mediante ella los sentimientos. Por ejemplo, le puedes decir a tu
hijo: ¡Esto no me gusta!, y según la manera de decirlo, puede adquirir para él
diferentes significados: enfado, un simple consejo, broma, preocupación, etc.
Observando el tono de tu voz y la expresión de tu cara, tu hijo sabrá lo que le
has querido decir.
A veces no coincide lo que decimos usando palabras con lo que transmite
nuestra actitud; en ese caso siempre prevalece el mensaje no verbal, es decir,
el que transmite nuestro sentimiento.
Si tu hijo recibe mensajes frecuentes en los que no coinciden las
palabras con tus sentimientos y con tu actitud, le crearás confusión y sobre
todo no confiará en ti.
2.
Principales
estilos de comunicación
Hay fundamentalmente tres estilos de comunicación: agresivo, pasivo y
asertivo.
a)
Agresivo: la persona
que se comunica con este estilo generalmente no tiene en cuenta la opinión del
interlocutor o, si la tiene, parece que quiere imponer sus deseos sin respetar
los derechos de los demás.
Son manifestaciones de actitudes
agresivas en la comunicación la voz alta, los gestos de amenaza, las
descalificaciones, los insultos y las desconsideraciones.
b) Pasivo: la persona que se comunica con este estilo acepta todo lo
que el interlocutor le dice sin hacer respetar sus propias opiniones, sus
propios derechos. No expresa de un modo directo a los demás sus pensamientos,
sentimientos o necesidades, de manera que, al no comunicar sus deseos, no
consigue resolver las situaciones de manera satisfactoria.
Son síntomas de actitudes pasivas los ojos que miran hacia abajo, la voz
baja, las vacilaciones, negar o quitar importancia a la situación, la postura
hundida, etc.
c)
Asertivo: una persona
utiliza un lenguaje asertivo cuando se expresa de forma que respeta tanto los
derechos ajenos como los propios. Es capaz de exponer su punto de vista y
defender sus derechos de una manera clara y sin hacer daño a su interlocutor.
Son signos de esta actitud mirar a los ojos, exponer claramente las
cosas y un tono de voz tranquila.
Tanto en la relación entre personas iguales como entre las que no lo son
el estilo más adecuado de comunicación es el llamado asertivo, ya que, cuando
lo usamos, escuchamos y entendemos a quien nos habla, a la par que también
expresamos con delicadeza nuestros derechos. Si usas este tipo de comunicación,
tu hijo adolescente se sentirá escuchado y tú, respetado.
3. La
comunicación en la familia
3.1.
Generalidades
Cada familia tiene una manera particular de comunicarse; es lógico que
al adolescente le influyan las costumbres y los hábitos que hay en ella. Según
los interlocutores hay tres niveles de comunicación diferentes: de la familia
con el exterior, de los padres entre ellos y de los padres con los hijos.
Hay familias que son muy abiertas y se comunican mucho con el medio
externo. Otras son más cerradas y sólo se relacionan y hablan lo estrictamente
necesario. El mundo externo de la familia son los otros familiares, los amigos,
los compañeros de trabajo o del colegio, etc. Unas familias abren más sus
puertas para unas cosas que para otras; así, las hay que tienen amigos con los
que salen frecuentemente y otras que sólo se relacionan con los familiares.
La manera en que la familia se comunica entre ella influye en cómo cada
miembro se comunica con su mundo extrafamiliar. En general podemos afirmar lo
siguiente:
Si en la familia los padres mantienen
entre ellos una comunicación sincera y clara, los hijos aprenden a comunicarse
de una manera semejante dentro y fuera del hogar. Si un adolescente está
acostumbrado a vivir en una familia en la que sus padres le comunican
claramente sus pensamientos y sus normas, en la que está permitido hablar de
los sentimientos de cada uno de sus miembros, el adolescente se comunicará con
más libertad, pues sentirá que le está permitido ser sincero.
Si en una familia hay muchos secretos,
miedos y mentiras, al adolescente le será muy difícil cambiar esta manera de
expresarse y continuará con estas pautas.
Cuando la familia critica
frecuentemente el mundo exterior y es tan cerrada que no permite entrar a nadie
en el suyo, el adolescente tendrá dificultad en aceptar a los demás, tendrá
miedo a contar a sus padres las cosas e incluso él mismo será demasiado
desconfiado.
3.2.
Cómo puede afectar a los hijos la comunicación entre los padres
No es raro que en una familia haya divergencias o problemas entre los
padres, pero la manera de manifestarlos y de comunicarlos en casa difiere de
unas familias a otras. Hay padres que no ocultan el problema, que se comunican
entre ellos con las "cartas abiertas", pero los hay que no se
comunican sinceramente, sino que sólo hablan de cosas superficiales o de las
que no son conflicivas.
En ocasiones, más frecuentemente de lo que parece, cuando hay problemas
de relación y de comunicación entre los padres, éstos involucran directamente a
los hijos con la esperanza de poder solucionar sus propios problemas o de
demostrar que tienen razón por estar los hijos de su parte.
Por ejemplo, algunas veces un padre comienza a comunicarse más con un
hijo o con alguno de ellos, si son varios hermanos, no porque realmente desee
estar más cerca de él, sino simplemente porque quiere obtener un beneficio
propio.
En estos casos los hijos salen muy perjudicados, ya que se les concede
unos falsos privilegios afectivos que tarde o temprano desaparecerán. Por otra
parte, si el conflicto entre la pareja es grande, esta actitud separa a los
hijos de los padres, a veces sin entenderlo y haciéndoles un daño inmenso que
no les permite madurar con normalidad.
Si la relación entre los padres no es buena, los hijos crecen en un
ambiente inadecuado y por ello sufren. No obstante, si lo que pasa en casa se
habla entre los padres, si cuando los hijos preguntan se les dice la verdad, si
no hay mensajes ocultos, la implicación de los hijos es menor y, por lo tanto,
el daño también lo es.
CUNCLUSION
Para resolver los múltiples problemas que surgen con los
hijos, puedes estar seguro de que el mejor camino es el diálogo. A continuación
se comentan unas sugerencias que pueden ayudarte a mejorar este proceso.
En primer lugar, tienes que mentalizarte positivamente y
ponerte en una actitud de comprensión y de sincronización con tu hijo. Piensa:
"Estaré atento a toda la información que me dé, descubriré sus
sentimientos, no daré sermones ni haré sentencias. Voy a respetar su
opinión".
Especialmente
debes cuidarte mucho de no poner etiquetas a tu hijo, ya que no ayudan nada a
cambiar de conducta, sino que sólo favorecen que verdaderamente se comporte
según el adjetivo que le has dado. La opinión de los padres influye mucho en la
imagen que se forman los hijos de ellos mismos y en la forma de actuar de
éstos. Si le llamas egoísta, acabará por serlo; si te parece que es egoísta, no
se lo debes decir, y menos cuando estás enfadado. Es mejor decirle lo que no te
gusta sin ponerle nombre a su comportamiento.
Muy Buena Información Me Podrías Decir ¿ como de se debe tener una buena comunicación con un hijo?
ResponderEliminarPues para tener una buena comunicacion con un hijo primero ay que saber escucharlo y poderlo ayudar con sus problemas que tengan
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